Por: Jorge Amado
Anoche presentí que no vendrías,
la luna se escondió en el horizonte,
los árboles tejieron melodías
y el frío se escapó de entre los montes.
Las horas lentamente se embriagaban,
el mundo se detuvo en sus relojes,
la rosa en su capullo se cerraba
y un grillo me cantaba:» no te enojes».
De pronto el bosque se vistió de plata,
se abrieron las ventanas y las flores,
se oyeron unos pasos por las matas:
llegaba el amor de mis amores.